"Saber mirar es una forma de inventar." Salvador Dalí Hace algo más de cincuenta años, Salvador Dalí y Robert Descharnes rompieron todas las leyes de la cinematografía para realizar La aventura prodigiosa de la encajera y el rinoceronte, una película basada en las imágenes sacadas del espiral logarítmico. “Los tres pintores preferidos por Dalí eran Raphael, Velázquez y Vermeer”, recuerda Descharnes en su casa de Paises del Loira (Francia). “En 1954, su la fascinación por Vermeer se cristalizó en una sola obra: La encajera”. Según Descharnes, Dalí prestaba mucha importancia a la estructura de su arte. Con este fin, colocaba las componentes de su obsesión en una fórmula alucinante: Niebla = encajera de Vermeer = cuerno de rinoceronte = granulaciones logarítmicas del girasol y coliflor = las espinas del erizo de mar y finalmente el escalofrío de la creación. Poco después, Dalí pidió al Museo del Louvre permiso para copiar La encajera. El primer proyecto de película puramente paranoico-crítico había empezado. Una magnífica mañana parisina, Dalí y Descharnes empezaron su aventura en el Louvre. Los directores habían instalado en una sala dos caballetes y una silla: sobre uno se encontraba un lienzo blanco y sobre la otra, un cuadro, La encajera. Descharnes recuerda: “Dalí hizo varias copias de La encajera que eran ejercicios en cuernos de rinoceronte”. Para Dalí, la pintura de Vermeer era “una conflagración de fuerzas convergiendo sobre la aguja de la encajera”. "El cine es infinitamente más pobre y más limitado, para expresar el funcionamiento real del pensamiento, que la escritura, la pintura, la escultura y la arquitectura". El fracaso intelectual del cine no ha de hacer olvidar que se trata de un medio privilegiado para aprehender la realidad: la imagen en movimiento se acerca más a la "Santa Objetividad" buscada por el pintor. El cine es, para Dalí, "la manera más irreal de expresar la realidad".